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“Ya está aquí”, se escuchó a lo lejos. Los feligreses estallaron en júbilo y … comenzó la gran fiesta.

La emoción era incontenible y las lágrimas corrieron por los rostros de quienes hace años dejaron atrás Guatemala, en busca del “sueño americano”.

Acompañado de cantos, música de marimba y baile de moros, la réplica del señor de Esquipulas fue llevada en hombros hasta el altar mayor de la iglesia, donde varios diáconos y sacerdotes lo recibieron como quien recibe a un hijo perdido.

La ceremonia fue realmente emotiva varios devotos lloraban de alegría, unos oraban fervientemente; mientras otros entonaban la canción “Tu reinarás, ¡oh! rey bendito…en nuestra patria en nuestro suelo”.

Desde que llegó a Los Ángeles sobre las espaldas de un emigrante guatemalteco hace ya varios meses, “El Cristo Mojado”, como todos lo conocen, recibe a diario la visita de cientos de personas de toda Centroamérica.

Una gran tarea

“Ustedes son los responsables de cuidar esta imagen, pero también a la familia que es esta comunidad”, dijo Quezada durante la homilía.

“Estoy feliz porque ahora mis hijos ya tienen a donde venir a ver al Señor de Esquipulas, a quien los guatemaltecos llevamos siempre en el corazón”, dijo visiblemente emocionado Luís Duarte, de 33 años quien cargaba a su hijo Diego, de 1 año de edad. Originario de la capital, Duarte, llegó a Estados Unidos hace 5 años.

Raquel Sagastume, oriundo de San Pedro Pinula, Jalapa, quien lleva 33 años de vivir en EEUU también contó su experiencia.

“Yo vine de ilegal, de mojado(…), y aunque ahora soy ciudadano, me identifico con este Cristo que hizo el milagro de llegar hasta acá sin un rasguño”.

Un aplauso prolongado, interminable, conmovedor, cerró este emotivo momento en la vida del pueblo católico inmigrante, que ahora encontrará al milagroso Cristo en la nave poniente de Santa Cecilia.

Al final, los presentes disfrutaron comidas típicas de Guatemala y bailaron al son de la marimba, dando un gran ejemplo de unidad y fraternidad.

Testimonio: Cruzó ilegalmente la frontera

En el momento en que el arzobispo Rodolfo Quezada Toruño consagraba la imagen, Víctor Molina recordó el día en que junto a otros tres guatemaltecos y un mexicano pasaron la imagen de Tijuana, México a San Isidro, California.

“Íbamos a pasarlo por la aduana, pero no nos lo permitieron. Nos dijeron que se necesitaba no sé cuántos papeles y que no podían dejarlo entrar a Estados Unidos”, cuenta Molina.

“Por debajo de los puentes lo pasamos(…) Nos dio miedo que se dañara al pasarlo debajo del muro de la frontera(…) envuelto en papeles lo traíamos para que no lo vieran. Fue un milagro que no nos descubrieran”, concluye Molina.

Los peregrinos vienen de todos los lugares de la Unión Americana para venerar al Cristo que ahora, ya bendecido, convierte a Los Ángeles en una nueva capital de la fe católica.